OLBIDO CON B: ¿QUÉ LO HACE UN LIBRO ÚNICO?

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Lector: estás a punto de subirte al tren de Olbido, y de sumergirte en un universo paralelo y onírico que quién sabe dónde puede llevarte, así que llévate un bocadillo, por si las moscas. Un universo original que a veces nos trae ecos de Boris Vian, de Kafka, de Alicia en el País de las Maravillas y alguna película de Michel Gondry. Aunque aquí no hay conejos ni orugas, sino gentes empeñadas en robar los recuerdos ajenos y en freírlos sin el menor miramiento, como si fueran buñuelos o calamares a la romana. También pululan por estas páginas personas capaces de meterse en pijama en un contenedor en busca de un juguete de su infancia, que luego tienen que ser rescatadas por el vendedor de shawarmas y apestan a basura durante un buen rato. Y almas sensibles, capaces de ponerse un anticuado vestido de vuelo y un sombrero Fedora para asistir a la clase de neurología de un profesor manco que habla sobre cómo se almacenan los recuerdos. Y treneros, por supuesto. Treneros benévolos o traicioneros y montañas que se desintegran a medida que las subes. 

¿Somos algo más que la materia claroscura de nuestros recuerdos?

El tren en el que te dispones a viajar es un tren de alta velocidad. La prosa corre que se las pela, se detiene apenas un instante antes de saltar a otra cosa y, poco a poco, aunque te resistas, te va envolviendo en sus redes. Esas redes están hechas de imágenes potentes, una sana alergia a toda retórica, salpicaduras de humor, sutileza y agudas reflexiones a las que no les falta un toque de deliciosa mala leche. Para muestra un botón:

Qué sobrevalorada está la felicidad. Entras en las redes sociales y todo es mira qué bien nos lo pasamos mira qué guapos estamos qué bien me queda esto qué comida más rica qué paisaje. Allí todo desborda, es un derroche de amor, de alegría, de felicidad pura y dura. Qué asco. Lo aborrezco sobremanera.

Además de veloz y algo impertinente, estás ante una prosa de una gran musicalidad. No en vano su autora se desempeña con brillantez desde hace años en el mundo de la poesía.

¿Somos algo más que la materia claroscura de nuestros recuerdos? ¿Qué pasaría entonces si nos metieran en la cabeza recuerdos futuros? ¿Hasta qué punto descarrilarían nuestras vidas si nos quedásemos sin recuerdos? ¿Y por qué a veces nos obstinamos en huir del amor sólo para morirnos de profunda añoranza tres segundos después?

Pero ya me callo, Lector, que los prólogos, cuanto más breves, mejor.

Prólogo de Olbido con B,  escrito por Mercedes Abad

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Olbido con B es una novela de ciencia ficción protagonizada por Olvido, una joven que, tras una ruptura con su pasado, decide volver a la vida que un día tuvo y tratar de reconciliarse con ella. Sin embargo, esto no va a ser una trea fácil, pues el tren en el que viaja para ello no es un “tren al uso”, algo que empezamos a intuir junto a la protagonista desde la primera página.

Durante la lectura de esta obra, nos embarcaremos en un viaje por la conciencia de su protagonista. Descubriremos en ella mujer fuerte, ácida, irónica y con bastante mala leche que se ha revelado contra la vida al uso y ha decidido que conformarse ya no forma parte de sus planes.

¿Por qué quieres leer Olbido con B? 
Quieres leer Olbido con B porque tienes unas ganas increíbles de leer novelas con protagonistas como Olvido: sin estereotipos, sin medias tintas, una mujer infinita, real, sin censuras, que no conoce de esos armarios construidos para ocultar ciertas partes de la mujer.

Por su parte, la narración está construida con un estilo tan ágil que parece que vas a salir volando, pero lo que hace de este libro una obra maestra es la habilidad con la que Laura Sala ha sido capaz de urdir, con la naturalidad de un silbido, la vida interior y la vida exterior de su protagonista, y es que toda la trama de la obra se desarrolla a través del flujo de conciencia de Olvido: el presente es la chispa que enciende todo el mundo interior de una protagonista con un respeto hacia la memoria increíble y con una sensibilidad para percibir el mundo que te dejará los pelos de punta. El universo surrealista y onírico en el que nos sumergimos con la lectura viene tamizado por el hilo de pensamientos de una protagonista natural, inteligente y fascinante que nos hará entrar de lleno en este mundo del olvido y el recuerdo.

¡Contádselo a vuestros amigos! ¡Este año ha llegado al mundo una novela que cambiará el rumbo de la historia!

 



Título: 
Olbido con B
Autora: Laura Sala Belda

Colección: Océano
Número de páginas: 188
ISBN: 978-84-947043-0-7

 

EL AUTOR Y EL EDITOR

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“Parece que supiésemos algo acerca del arte cuando sentimos la palabra soledad.”

Maurice Blanchot, El espacio literario.

Dice Blanchot que un autor nunca sabe si su obra está terminada. Una obra literaria es, para su autor, un espacio de trabajo infinito, del que nunca es capaz de desprenderse del todo.

En un momento dado, el editor ayuda con el cierre de ese proceso infinito, liberando a su autor de esa infinitud. Sin embargo, todos sabemos que aunque la obra esté publicada, su autor jamás podrá darla por concluida del todo, y la mantendrá viva, desarrollándose, en otra parte.

Para Maurice Blanchot, una obra nunca es algo concluido o sin concluir. Una obra simplemente es. Así, cuando su autor quiere hacerle expresar más de lo que ésta expresa, no podrá expresar nada.

A veces tendemos a obsesionarnos con una idea. Esta obsesión nos obliga a decir una y otra vez lo que ya dijimos en un principio. Esta repetición solo puede llevarnos a dos lugares: o bien a una repetición empobrecedora, con cada vez más monotonía y menos fuerza o bien a la expresión exacta y enriquecida ante la que es necesario parar, para no desembocar en la empobrecida antes mencionada. El editor debe ser capaz de ver ese momento exacto, ese punto en el que la obra ha dicho lo que quiere decir.

Nuestro trabajo como editores es ayudar al lector a “terminar” esa obra que forma parte del ser de su creador, y que por tanto no deja de crecer, de evolucionar con él. Nuestro trabajo como editores es evitar que la palabra exacta se haga pobre por la redundancia.

Cuando una persona escribe un libro, está escribiendo una parte de sí mismo, y esa parte nunca estará conclusa hasta que la persona lo esté. Por eso es el editor el que debe quitar la pluma de la mano escritora, y liberarla así de esa obra que jamás podrá estar acabada.

“MEJORES VENTAS” NO ES SINÓNIMO DE “MEJORES LECTURAS”

El lector no es un producto de síntesis destilado en los laboratorios del índice de audiencias y “mejores ventas” no es sinónimo de “mejores lecturas”

Hubert Nyssen, La sabiduría del editor. Trama Editorial.

 

Sería bueno recordar que el lector es un ser humano, un ser de carne y hueso, con sangre, con pasiones. El lector posee ojos, cerebro, neuronas, inteligencia, sensibilidad. Vive, llora, ríe, sufre. Un lector da a luz, educa, se pierde, se angustia, tiene miedo a la muerte y, si es posible, a la vida. Un lector ama o no ama, desaparece en ocasiones en las arenas movedizas del aburrimiento o se zambulle en las cataratas del aborrecimiento.

No hay que olvidar en ningún caso que el lector, antes que ninguna otra cosa, es el que sabe leer cuando está leyendo. Los lectores son personas que sueñan, y que son capaces de conectar las historias que viven con las que leen con las que cuentan.

Gracias, lector, por saber leer.

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