LECTURA, SEDUCCIÓN Y CULPA

Últimamente en muchos blogs (como Libros de María Antonieta o Sweet Paranoia) ha ido tomando forma un debate nuevo sobre el consumismo de libros que se ha fomentado los últimos años especialmente en comunidades de lectores online y redes sociales.
A diario estamos sometidos a un bombardeo continuo de publicidad, reseñas y catálogos, por no hablar de las mesas de librerías llenas de flamantes novedades e historias esperando a ser descubiertas. Todas estas tentaciones provocan que compremos libros a un ritmo mucho mayor del que los leemos, porque sí: la carne es débil.

 

Hagamos unos cálculos rápidos. A lo largo de un año, un lector normal, al que llamaremos Antonio, adquiere unos 40 libros al año, una media de 3-4 al mes, incluyendo tanto los que compra como los que le regalan en su cumpleaños, Navidad, aniversarios, etc. Si la estantería de Antonio crece a un ritmo de 40 libros en un año, pero durante este año solo lee alrededor de 30, es evidente que su lista de libros por leer (la famosa TBR, to be read) aumentará a bastante velocidad, y con ella crecerá en él esa sensación tan irremediablemente humana llamada CULPA. Culpa por haber gastado demasiado, culpa por acumular libros sin leer, culpa por no tener nunca ganas de leer ese libro de novecientas páginas, culpa por odiar a ese autor que le regaló su cuñada…libreria-2

 

Pero al mismo tiempo que nuestro querido lector Antonio siente esta culpa, millones de personas sienten otras culpas propias: por no leer nada, por pasarse de parada leyendo, por comprar el libro de segunda mano en vez de primera, por regalar la edición cara en vez de la de bolsillo… Así hasta que la humanidad se acaba ahogando en su propio cargo de conciencia por culpa de los libros.

 

Esta disertación no tiene más intención que reflexionar en tono humorístico sobre la lucha contra nuestros propios deseos como lectores. Existe consumismo en el ámbito literario, por supuesto, y casi todos los lectores pecamos de él. Pero tengamos en cuenta que este consumismo se basa en un bien cultural, un objeto cuyo valor material es mínimo en comparación con su valor inmaterial, y que además provoca que editores, libreros, diseñadores, traductores, etc, puedan seguir creando libros. Lo vemos únicamente como algo negativo para nuestro bolsillo sin darnos cuenta de las consecuencias positivas y oportunidades que esto genera.

 

Si compras el doble de libros de los que lees, de acuerdo, baja el ritmo, aprende a comprar de manera responsable y por gusto, no por impulso. Ahora bien, si compras, como Antonio, unos cuantos más y se te acumulan, no te agobies y búscales un sentido. Guárdalos para leer en otras épocas. Guárdalos para tus hijos, para tus sobrinos. ¿No te caben en casa? Dónalos a bibliotecas o asociaciones, cámbialos en puntos de bookcrossing, véndelos de segunda mano, regálalos a tus amigos. La literatura no tiene talla ni pasa de moda. El consumo sostiene a la industria editorial. El intercambio o el movimiento de libros como regalo favorece a la sociedad y a su cultura. Si los lectores no se dejan seducir por los libros un poco más de la cuenta, ¿quién lo hará?

 

A ratos editora, a ratos traductora, siempre lectora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation