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MUÑOZ MOLINA: COMO LA SOMBRA QUE SE VA

Algunos estudios de la teoría de la recepción defienden que cuando empezamos una novela no sabemos con qué nos vamos a encontrar. Hoy, nos apetece jugar con esa posibilidad en ocasiones única de leer un libro antes de que mucha más gente lo haya hecho, y por lo tanto sin tener una idea general de aquello de lo que trata la obra.

Al abrir la primera página de la novela, nos encontramos con la narración de lo que podría ser una pesadilla. La pesadilla que sufre el escritor en su proceso de creación literaria. Se percibe un juego de alteridad, una confusión de identidades con los personajes. Confusión que tal vez no experimentaríamos de saber de qué trata la obra que, en este caso, estamos leyendo. Pero sigamos jugando a este conocer el texto únicamente por las palabras que se avecinan conforme avanzamos.

Si proseguimos la lectura nos damos cuenta de que el narrador se encuentra en Lisboa, y allí recuerda que hace diecisiete años se encontraba en el mismo lugar para rematar una novela llamada El invierno en Lisboa, título que coincide con el de un libro anterior del autor del ejemplar que tenemos entre las manos: Antonio Muñoz Molina. ¿Es el autor el que cuenta la historia que estamos leyendo?

Se me viene a la mente un caso parecido, y a la vez infinitamente diferente: el personaje amante de novela policíaca que adopta el nombre de Paul Auster, autor de la obra a la que pertenece, para hacerse pasar por un detective que en la misma obra tiene ese nombre. Hablo de la obra del escritor estadounidense Ciudad de cristal.

Tenemos un primer capítulo que conecta el presente del escritor con el pasado del personaje. En el segundo capítulo, cambiamos de perspectiva y encontramos una narración en primera persona cuya voz debiera ser la de  James Earl Ray, el asesino de Martin Luther King. Parece que estamos ante el fruto de la creación literaria que se presentaba en el primer capítulo. El trasfondo de que se sirve Muñoz Molina para examinar al personaje desde el medio social del que procede nos recuerda a la novela del XIX, donde la perspectiva de la narración incluye una descripción minuciosa, una evocación sensorial del mundo en que se encuentra.

En otro momento más avanzado del libro vemos una narración de la boca del propio Martin Luther King, donde se habla del estado de ánimo del pastor y activista estadounidense en los días previos a su asesinato. Habla de la depresión, del sentimiento de impostor que le persigue. Desde luego, Muñoz Molina lleva a cabo una tarea de desacralización del personaje, convirtiéndolo en un ser de carne y hueso con dudas e inseguridades, apoyándose para ello en diversos hechos (como la afición que tenía a los objetos de lujo, la aventura amorosa secreta…) incluyendo, en la creación del personaje, diversas imágenes bíblicas. Con todo, Martin Luther King es y será recordado como uno de los mayores héroes de la historia de Estados Unidos, y en la moderna historia de la no violencia.

Sin duda, en esta obra el autor se enfrenta a la incesante dificultad de recrear fielmente el pasado, de construir identidades de las cuales en muchas ocasiones no se tiene más que unos retazos de información superficial (pese a la exhaustiva investigación que pudo realizar sobre el asesinato gracias a la reciente apertura de los archivos del FBI).

Esta nueva novela en la que el autor muestra su obsesión por el extraño y en cierto modo fascinante James Earl Ray ha sido publicada por Seix Barral y puedes encontrarla a partir de hoy en La casa del Libro.

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