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MANEL ALONSO ESCRIBE SOBRE DEFLAGRACIÓN

El escritor y periodista valenciano Manel Alonso publicó el otromdía una reseña preciosa sobre nuestra última publicación: Deflagración, De Aitor Romero Ortega. Aquí abajo os dejamos la traducción, espero que la disfrutéis:

 

Un joven en la frontera de la treintena es despedido de su puesto de trabajo, está pasando por unos momentos en la vida en que de alguna manera nada le hace ni frío ni calor. Es consciente de que en estos tiempos resulta como mínimo inquietante quedarse en el paro, las perspectivas laborales son mínimas. La de parado se puede convertir en una condición de la que le resulte casi imposible de salir, y esto hace que tarde o temprano se acerque al precipicio de la precariedad económica. Un día tropieza con una noticia, un joven poeta ha sido asesinado por dos pequeños delincuentes en el barrio gótico de Barcelona. El suceso lo hará indagar en la obra del poeta y en su biografía. Después iniciará un viaje por el sur de Francia en busca de algo que se le escapa, en el equipaje lleva pocas cosas, entre ellas el estúpido asesinato perpetrado en Barcelona.

Este sería el resumen de la novela de Aitor Romero Ortega que un día cayó por casualidad en mis manos en forma de manuscrito y que ha editado bajo el título de Deflagración la editorial peZsapo.

Aitor Romero Ortega (Barcelona, ​​1985), bajo la influencia de la literatura beat norteamericana y en especial de autores como Jack Kerouac, con un gran oficio como escritor, sorprendente en una primera novela, y con un gran conocimiento de la tradición literaria catalana, española y europea, nos ofrece el viaje de Unai Guerrero, un viaje sobre una cuerda que atraviesa un profundo abismo. Se trata de un relato que tiene componentes de la novela psicológica, negra y de viaje. De hecho, es un doble viaje, un geográfico que le llevará como una especie de vagabundo en ciudades como Perpiñán, Montpellier, Arlés, Aviñón y Marsella, y otro interior en el que la acompaña un bagaje cultural importante que le hace mantener en varios capítulos un diálogo con la obra de autores como Gabriel Ferrater y una obsesión: el asesinato de Enric Clos, nombre bajo el que se adivina el tristemente desaparecido Salvador Iborra.

No estamos ante una novela superficial, fácil, que busque el éxito editorial. Se trata más bien de un texto original, brillante, riguroso, de un autor que ama la literatura, un animal literario con una voz propia y una mirada intensa capaz de construir un personaje sólido, que a veces llega a funcionar como un alter ego de su creador y otros no es sino un individuo que se deja llevar por la corriente del río de la vida, una corriente que lo lleva siempre hacia el este, como si buscara el punto exacto del inicio del tiempo, de la luz, pero no acaba encontrando más que un espejo en medio del abismo donde se refleja su gran obsesión, la muerte absurda de un joven poeta que le acaba obligando, de manera inconsciente, a cerrar un círculo que sin darse cuenta había abierto.

Encontrar este libro, en el que seguramente no le hará justicia el público lector, ha sido para mí uno de esos pequeños acontecimientos cotidianos que hacen que la vida tome de golpe y porrazo otro color.

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