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LITERATURA vs SERIES

Como amantes de la literatura, nos sentimos impelidos a defender a capa y espada el mayor valor estético que tiene un buen libro antes que cualquier cosa que pueda salir en la tele. Sin embargo, es bueno admitir que en los últimos años hemos ido tratando con muchos programas absolutamente extraordinarios en comparación a lo que había ido apareciendo ante nosotros hasta ahora. La eclosión y apogeo de una lista de series excelentes (The Wire, Breaking Bad, Mad men, Los Soprano, Juego de Tronos, Girls, Battlestar Galactica…), que disfrutamos desde hace no demasiado, ha propiciado un nuevo modo de ver la televisión. ¿Nos encontramos ante un cambio de paradigma?

En primer lugar, estas series pertenecen a la cultura de masas, como los libros de caballerías o de pastores del siglo XVI, y en segundo lugar, en esa cultura se verifica con mucha más vehemencia ese cambio de mirada, ya que las series de televisión todavía están libres se esa sujeción al canon y la inercia que esto trae consigo, cosa que no ocurre con la literatura, que permanece atrapada en las tendencias del viejo paradigma hasta que la nueva mirada no pasa a formar parte del canon.

Me pregunto cuál será la respuesta preponderante si preguntamos a algún novelista de hoy en qué invierte más tiempo. Estoy casi segura de que la mayoría de ellos confesarán lo inconfesable: que pasan más tiempo viendo series de televisión que leyendo ficción. La necesidad de historias siempre ha estado ahí, pero parece que han empezado a migrar de los libros a los programas de televisión. Los amantes de la literatura amamos las series de televisión, y eso es así porque satisfacen nuestra necesidad de narrativa. Si a esto añadimos esta idea tan de moda de que nuestra capacidad de atención ha disminuido tanto que no podemos concentrarnos en un texto durante demasiado tiempo, parece que el debate está resuelto. La literatura trae consigo ese filtro intelectual que requiere saber leer, saber visualizar, saber meterse en la historia, saber dejar de leer palabras para convertirlas en escenas… Y todo esto ya nos lo trae hecho la televisión. Entre la historia televisada y el espectador, solo media un cuenco de palomitas.

Esta nueva forma de narrar que no se explica como justificación de lo que ocurre al final, como pasaba antes, sino de esa red de causas y efectos que conectan a cada uno de los componentes de la serie encuentra su paralelismos en los poemas, en las obras de Borges, Cortázar, Pynchon.. A los que con esta nueva forma de narrar que viene de la mano de la televisión se les añade un nuevo modelo en el que reflejarnos, una nueva forma de escribir. Cada vez es más común que saber el final de una de estas series no estropee toda la trama anterior, lo mismo que ocurre con un poema: no se estropea si te dicen el final. ¿Estamos ante una nueva forma de literatura? ¿Literatura televisiva? Habrá que esperar a que desaparezcan los orgullos de erudición y exclusividad literarias para darse cuenta de que algo ha cambiado, y que ha empezado una nueva era en el arte de narrar.

El debate sigue abierto: ¿Qué opináis?

1 comentario en “LITERATURA vs SERIES

  1. Leemos en piloto automático la gran mayoría del tiempo y lo mismo pasa con las buenísimas series de hoy en día. Por disfrutar de intrigas de palacio, mafiosos o políticos, no somos mejores espectadores que el que se ríe con un “El Luisma es tonto!”.

    Buen post.

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