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HISTORIAS EXTRAORDINARIAS: MIGUEL DE CERVANTES

En 1605 aparece en Madrid El Ingenioso Hidalgo Don quijote de la Mancha editado por Juan de la Cuesta en la calle del León. Nueve años más tarde aparecerá en Tarragona un Quijote firmado por Alonso Fernández de Avellaneda y un año más tarde la segunda parte del nuevo título: El Ingenioso caballero, que ya no es Hidalgo, ya ha sido armado caballero en la venta entre los capítulos dos y cuatro de la primera parte, armado caballero de una manera, siguiendo con Avellaneda, apócrifa, porque el castellano que él cree que le va a armar caballero no es sino el dueño de una venta de la Mancha. Esta es la primera burla que le hacen al pobre loco que luego a lo mejor ni es tan pobre ni es tan loco.

¿Qué es el Quijote? El Quijote es el sueño de un escritor genial como Miguel de Cervantes que sale  de España muy joven para luchar en la mayor batalla que los siglos han visto y que nunca verán como es la batalla de Lepanto en la cual él dio un brazo, no lo perdió sino que lo dejó, aunque de este hecho hablaremos más adelante. . Estuvo cinco años sirviendo en la armada de Don Juan de Austria por el Mediterráneo, Sicilia, el norte de África, etcétera. Fue cautivado en Argel cuando ya estaba volviendo a España con las cartas de reconocimiento de su labor y firmadas por el propio Don Juan de Austria, estuvo cinco años preso, tres vece intentó escaparse de Argel y estuvo condenado a muerte varias veces. Al final, milagrosamente, los mercenarios consiguen el dinero que sus padres no podían reunir y vuelve a España orgulloso de su vida de soldado. Se encuentra con una España desplomada, con una España de pícaros, de correveidiles, que no es la renacentista en la que él nació. No consigue ningún trabajo y está quince años sirviendo a la Armada Invencible, fíjate tú qué paradoja, sirviendo como recaudador de impuestos detrayendo harina, trigo y aceite en los pequeños pueblos de la Mancha y de Andalucía, lo cual le costó varias excomuniones de los pobres curas que no le querían dar los sacos de trigo para la Armada Invencible y le costó la cárcel porque en alguna de estas operaciones hubo algunas sangrías y lo acusaron de haber robado. En la cárcel dice él, en una cárcel ruidosa de Sevilla, que soñó e inventó al ingenioso hidalgo que no es sino él mismo: alguien que ama la literatura, que ama los libros, que tiene un ideal caballeresco, que quiere cambiar el mundo con el amor a la palabra y que se encuentra en un país que se burla de él y que lo considera loco por tener tan altos ideales. El motor de un libro fundamental de la historia de la literatura universal como es El Quijote de la Mancha nace de la biografía atormentada de su autor.

Cervantes nos dice en el prólogo de su última novela, El Persiles, que lo leía todo, hasta los papelillos que caían por la calle. Era un enamorado de los libros, como su propio personaje, que se pasaba leyendo los días de claro en claro y que de tanto leer se le secó el cerebro. Cervantes eran un caballero de los libros y lo había leído todo. Es un enamorado de la literatura clásica, de la literatura italiana, y un entusiasta de un escritor muy importante que conocemos poco en España que es Ariosto, el autor de Orlando furioso.

Cuando Cervantes tiene que huir a Italia por aquel pleito en el que por causa de un duelo en el que se le condena a ser desterrado del reino o a perder un brazo, fíjate cómo escribe el destino, con qué ironía la novela de la vida de Cervantes, tiene que irse a Italia. La vida le lleva a alistarse en la armada de Don Juan de Austria y a la batalla de Lepanto, en la cual pierde el brazo que le había condenado la justicia a perder si no se exiliaba.

Poco más de doce capítulos tenía escritos Cervantes de su segunda parte del Quijote cuando, igual que don Alonso Quijano  se entera de que ha aparecido la primera parte de sus aventuras y le parece estupendo, Cervantes se entera de que ha aparecido la segunda parte anunciada de las aventuras del ingenioso hidalgo, pero no escritas por él, y el que las ha escrito, que las ha publicado sin licencias y, por decirlo así, de manera pirata, fraudulenta, se está llevando todo el dinero de los que, creyendo que se trata de la segunda parte de las  historias que Miguel de Cervantes tan maravillosamente había escrito y que se habían convertido en un best seller de la época, con numerosas reediciones, compraban el libro. El autor fraudulento se llevaba la fama y, lo que es peor para una persona con una economía tan modesta, los reales.

Cervantes estaba muy enfermo porque tenía un mal de orina y una profunda melancolía, se sentía mayor, veía cómo los jóvenes como Lope triunfaban en el teatro y él no. Hacía diez años que no escribía nada, era un señor mayor para la época, y de repente se encuentra con la tiste sorpresa de que alguien no sólo ha usurpado el nombre de su protagonista sino que en el prólogo dice que es un viejo y un manco y otras lindezas. Así, en la segunda parte del Quijote, en el prólogo, Cervantes dice que es viejo pero las canas y la edad no son algo contra lo que el hombre pueda combatir y que es manco pero no ha perdido el brazo en una taberna sino en la mayor batalla de todos los tiempos. Está tan dolido con un prólogo tan insultante, que en su prólogo dice “No seré yo el que vaya a la Inquisición con chismes de algunos clérigos que no honran el hábito que visten”: está expresamente aludiendo a que Lope de Vega se ha ordenado sacerdote pero no dejan de pasar señoritas estupendas a su casa y él las ve desde el balcón, suponemos que con mucha envidia también, claro.

Cervantes escribió el Quijote contra reloj en una batalla contra la muerte, gracias a lo que había sido su mayor tristeza. El Quijote de Avellaneda nos ha hecho un favor a los seres humanos, porque lo que fue la mayor decepción de Cervantes se convirtió en el acicate que le sobrepuso de la melancolía y estoy segura de que escribió los setenta capítulos del tirón, fue a Juan de la Cuesta y se imprimió la obra apenas unos meses antes de que el 22 de abril de 1616 falleciera su autor, y aun así, con la vitalidad que le dio la escritura de la segunda parte, le dio tiempo a terminar El Persiles y a anunciarnos que si dios le daba vida y fuerzas todavía nos iba a entregar Las semanas del jardín y la segunda parte de la Galatea.

Esta fue la historia de una de las personas que han cambiado la forma que hoy tenemos de entender el mundo, y de leer la literatura.

 

Agradecimientos a Ángel García Galiano, que nos ha ayudado a entender así al autor y a la obra, o viceversa.

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