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¿CÓMO NACIÓ EL HOMBRE DE PERFIL? MANUEL VALDERRAMA NOS LO CUENTA

Cuando empecé a escribir mis primeros poemas, de aire ridículamente becqueriano (el adverbio, como comprenderán no era culpa de Gustavo Adolfo, sino de un servidor), los matrimonios y los trabajos duraban toda la vida, internet y los teléfonos móviles no eran más que un sueño en la mente de un guionista de ciencia-ficción y yo era un adolescente de apenas doce años con ínfulas de escritor y los bolsillos del pantalón llenos de futuro. El tobogán del tiempo tenía una pendiente suave. Y entre poemas y relatos escritos de forma intermitente me fui dedicando a estudiar, a divertirme, a enamorarme, a trabajar, a desenamorarme, a conocer al verdadero amor… a vivir y a leer, valga la redundancia. Casi sin darme cuenta, la caída se fue haciendo más rápida hasta alcanzar la cuarentena. Un buen día, tras revisar mis bolsillos medio vacíos, decidí no dejarme atrapar por el vértigo. Si quería ser escritor, había llegado el momento de aprovechar la parte ocupada de mis bolsillos y dejar de ser un escritor esporádico. Así nació, entre otras cosas, El hombre de perfil, fruto de la rebelión personal contra mi propio conformismo.
Luego vino la pregunta ineludible. Tengo una novela, ¿y ahora qué hago? En esas andaba yo, cuando tuve la suerte de toparme en las ondas mágicas de la radio con una entrevista a Inmaculada Puche, una editora entusiasta que arrancaba un proyecto desde la ilusión y el amor por la lectura. A las pocas horas, mi primera versión de El hombre de perfil recorría el proceloso espacio virtual hasta el correo de Pezsapo. Ya desde la primera respuesta pude adivinar un trato personal, alejado de las respuestas elaboradas a base de fórmulas cerradas a las que ha de enfrentarse un escritor novel que no haya pasado por el plató de Sálvame o la casa de Gran Hermano (los talleres de escritura con mayor reputación de infalibilidad en determinados círculos editoriales). Tras unos meses de espera, recibí la noticia, El hombre de perfil podría ser publicado, previa revisión a fondo de un servidor.
No os llaméis a engaño. Ni el espíritu creador del escritor es infalible, ni los problemas narrativos son un ejercicio de estilo. El producto final no es hijo de las musas y la inspiración, sino de un trabajo incansable de revisión y mejora en el que el autor corre el peligro de dejarse llevar por su ego si no se aleja de su obra lo suficiente para mirarla con una cierta perspectiva. La escritura es un proceso solitario en el que es fácil cerrar en falso la versión definitiva.

Mi experiencia con Pezsapo eliminó ese riesgo. Aun en la soledad de mi escritorio, sentía la compañía de una editora cómplice con la que recorría el camino, de una amiga exigente que no me habría permitido no dar la mejor versión de mi mismo. Es posible que El hombre de perfil pudiera haberse llegado a publicar sin el aliento incansable de Inmaculada. Pero estoy seguro de que no me sentiría tan satisfecho de mi novela como lo estoy en este momento.

 

Manuel Valderrama Donaire

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