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AYER SERÁ LO QUE HA SIDO MAÑANA

Con 87 años fallecía ayer uno de los grandes de la literatura alemana de la posguerra: Günter Grass.

Günter Grass actuó durante casi toda su vida como conciencia moral de Alemania. Dedicó sus obras a la idea de que Alemania no llegó a ajustar cuentas con su propio pasado. Leyendo sus obras nos damos cuenta de que cada generación tiene el pasado que se merece, un pasado que depende del presente que lo reescribe.

Hablaba Grass de su infancia, y de cómo la acuarela y la escritura eran una de las posibilidades de sentirse libre en una vivienda pequeña. Sin embargo es curioso cómo en algo tan desastroso como la Guerra Mundial, y sus consecuencias, que borraron  hasta el último trazo de la producción de su infancia, encontró el beneficio de la libertad que le proporcionaba el no tener ese pasado en forma de arte, y el deber de encontrar un nuevo comienzo.

Cada nuevo comienzo era para Grass una nueva perspectiva de sí mismo, era la manera de volver a situarse en el mundo, y enfrentarse a la persona en la que se estaba convirtiendo.
Sólo alguien con una perspectiva de la vida como la que tenía Günter Grass puede tomar la responsabilidad de hablar de lo universal desde su propia individualidad, renunciando a ella para convertirse en la voz de todos. Y unos cuantos años antes, T. S. Eliot parecía responderle a esa voz futura, que encontraba en lo perdido un nuevo comienzo, de la siguiente manera:
La emoción del arte es impersonal. Y el poeta no puede alcanzar esa impersonalidad, sin darse por entero a la tarea que realiza. Y difícilmente sabrá él lo que debe hacerse, a menos que viva en lo que no sea un mero presente, sino el momento actual del pasado, salvo que tome conciencia, no de lo que está muerto, sino de lo que ya tiene vida.

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