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A JOSÉ MANUEL LARA BOSCH

El escritor parece dueño de su pluma, puede resultar capaz de un gran dominio sobre las palabras, sobre lo que desea hacerles expresar. Sin embargo, el dominio del escritor no reside en la mano que escribe, esa mano que nunca deja el lápiz, que no puede dejarlo. Escribir es lo interminable, lo incesante.

Dice Maurice Blanchot que el artista encuentra en su trabajo un medio cómodo de vivir sustrayéndose a la seriedad de la vida. Así, una obra está terminada, no cuando lo está, sino cuando quien trabaja desde adentro puede terminarla desde afuera.

El 31 de enero de este año 2015, José Manuel Lara Bosch dejó que ese lápiz que escribe la historia hasta el último momento, descansara sobre el escritorio. El pasado sábado fallecía uno de los grandes editores de nuestro país, la persona que consolidó el grupo editorial más importante en español.

Lara Bosch nos enseñó que hay que olvidarse de la oposición de las grandes editoriales frente a las independientes, pues a todos nos une lo mismo, esa pasión sagrada que es la literatura. Su admirable e ininterrumpida capacidad de trabajo, permitió abrir puertas a los editores pequeños. Atento a los cambios, su curiosidad estética e intelectual y su acusada sensibilidad no le anclaron exclusivamente al mundo editorial, pese a que la literatura siempre fuese el centro.

Al cumplirse el momento trascendental que es la pérdida de una gran persona, además del vértigo producido por el inexorable paso del tiempo, irreparabile fugit, la ley de las compensaciones nos obliga a volver la vista al camino trazado para evaluar la riqueza, la intensidad y cuantas magnitudes justifiquen la estimación de su legado.

Sería innecesario por parte de esta joven editorial que es Pezsapo, tratándose de una contribución a modo de homenaje, pretender un análisis exhaustivo de la huella intelectual de José Manuel Lara Bosch. Pero sí cabe decir que de la siembra que hizo esta gran persona, todos los editores hemos podido recoger una tempestad de aprendizajes, de buenas ideas, de descubrimientos, de optimismo, de ilimitada amplitud de miras y de amor por lo nuestro.

Y yo me iré

y se quedarán los pájaros cantando 

 

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